En el Perú, el mobiliario en general tienen también una larga historia. La iconografía prehispánica muestra ya asientos de madera y doseles usados por los moches y otras culturas, incluida la incaica.
Con la llegada en los españoles en el siglo XVI, se introdujo el mobiliario occidental –secular y religioso– en los Andes. A él se adaptaron materiales autóctonos y la maestría artesanal de las manos indígenas. Los grandes mercados de Lima y Potosí recibían incesante flujo de piezas desde los talleres de Quito, Huamanga, Arequipa y Cusco. Otras ciudades destacaron también por sus talleres de ebanistas y artesanos, como Trujillo y Cajamarca. Los usos cortesanos y suntuarios de Lima y de algunas de las principales ciudades peruanas determinaron la vigencia de los talleres de producción de muebles y la constante de la importación, sobre todo durante la bonanza guanera de 1840-1870, muchos de los cuales sobreviven hasta nuestros días.